Cursos de maquillaje para sobrellevar la quimio: “Cuando te quedas sin cejas sientes que no eres tú”

Cuando Marisa supo que tenía cáncer, se le pasaron muchas cosas por la cabeza. Primero se preocupó por su salud. Más tarde, por su aspecto. “Sabía que se me iba a caer el pelo, pero no si existía alguna alternativa para disfrazarlo en cejas y pestañas”. La respuesta no la encontró entre los médicos, sino en blogs y en la experiencia de otras mujeres que en el pasado libraron batallas como la suya. “A los médicos les estaré eternamente agradecida, pero no pueden detenerse mucho tiempo con cada paciente, y hay respuestas que no tienen todos ellos”. Se refiere a las dudas estéticas, esas que atacan directamente a la autoestima. El desconocimiento de esta madrileña es común a todas las pacientes que van a iniciar tratamientos de quimioterapia o radioterapia. Lo que ella no sabía es que existen talleres de cuidado de la piel y maquillaje que ayudan a sobrellevar los efectos secundarios de los tratamientos, como la deshidratación, la alopecia o la aparición de rojeces y manchas.

“Se trata de un programa que ofrece recursos ante todos los cambios que vienen”, asegura Fátima Castaño, coordinadora del programa Ponte Guapa y te sentirás mejor de la Fundación Stanpa, que colabora con una treintena de hospitales públicos en España a través de la Aecc (Asociación Española contra el Cáncer), entre ellos el Ramón y Cajal. “Quitan mucho miedo a las pacientes porque piensan que todo es cancerígeno y aquí se les dice qué tipo de productos tienen que usar”, explica Inmaculada García, enfermera y coordinadora de la escuela para pacientes con cáncer de mama de ese hospital madrileño, que se creó para dar un trato más humano y responder a las dudas que en consulta quedan en el aire. El taller de maquillaje, de unas tres horas de duración, consta de dos partes. En la primera se enseña a las pacientes a limpiarse el rostro, hidratarse y protegerse del sol, fundamental para pieles radiadas. En la segunda, se pasa a jugar con el color. “Ofrecemos nociones sobre maquillaje, siempre bajo la supervisión de médicos”, añade Castaño, quien sostiene que estas clases dan “un chute de autoestima” a las pacientes. “Les devuelve la seguridad en sí mismas. Cuidar el aspecto mejora el estado de ánimo y disminuye la ansiedad”.

Pestañas magnéticas y ‘microblading’

Mari Ángeles lo sabe bien. Ella nunca se acostumbró a verse sin cejas. “Cuando te quedas sin pelo ahí sientes que no es tu cara, que no eres tú. Te quedas sin expresión», afirma. Esa situación, sin embargo, no volvió a repetirse después de asistir al taller. “Me enseñaron a pintármelas y todo cambió”.

Diseñarlas con lápiz es una de las opciones para disimular la caída del pelo, pero no es la única. En los últimos años ha irrumpido con gran fuerza –y no solo entre pacientes con cáncer– el microblading, una técnica de maquillaje semipermanente de cejas. “Nos llaman muchas mujeres con cáncer”, comentan desde el centro de estética Lashes and Go, uno de los muchos en los que se realiza. “Pero el microblading se tiene que hacer antes de empezar la quimio o después, nunca durante el tratamiento”.

Aunque la reconstrucción de cejas es lo más demandado en los talleres de maquillaje, las pestañas también tienen su público. “Las postizas no las aconsejamos por el pegamento. Pero ahora han inventado pestañas magnéticas, aunque para utilizarlas es necesario que haya un poquito de pelo”, cuenta una de las maquilladoras de la Fundación Stanpa ante el asombro de las alumnas que la escuchan boli en mano.

Sus cuadernos tienen toda clase de indicaciones: cómo corregir la palidez, qué color de lápiz usar para pintar las cejas o desechar el corrector para cubrir los enrojecimientos de la piel. Las dudas que tienen son muchas y, por fin, han encontrado a quien se las resuelva, porque los cambios físicos hacen mella y se notan. “Con cada sesión de quimio engordo 3,5 kg. Las uñas se me deforman, la cara y las manos se me ponen rojas…”, cuenta Maite, cuyos amigos notaron antes la caída del pelo en las cejas que en la cabeza. Ahora, con los pelitos dibujados, sale pisando más fuerte que antes: “¡Qué diferencia!”.

Qué hacer cuando la quimio ataca al cuerpo

  • Pelucas y pañuelos. La Asociación Española Contra el Cáncer (Aecc) ofrece un servicio de préstamo de pelucas y subvenciones para los casos de mayor necesidad económica. La opción de los pañuelos es menos costosa, pero hay que tener en cuenta qué tipo de tela se escoge, ya que algunas irritan la piel.
  • Pelo. El cabello es una de las zonas que más sufre los efectos de los tratamientos, aunque puede variar de unas personas a otras. “La radioterapia solo produce pérdida de pelo cuano la zona irradiada es la cabeza”, explican desde Stanpa. “La alopecia por quimioterapia es reversible en la mayoría de los casos, aunque a veces la recuperación es parcial y su estructura y textura pueden ser diferentes (pelo más fino, aspecto rizado…)”. Por todo ello, es importante cuidar el pelo y, sobre todo, el cuero cabelludo durante las sesiones con “champús muy suaves o aceites cosméticos” para su limpieza y la “aplicación de un producto hidratante que minimice el picor o la sensación de escozor”.
  • Coloración. Los expertos aconsejan dejar un tiempo prudencial antes de teñir el pelo. “Entre cuatro o cinco meses desde la finalización del tratamiento. De este modo asegurarás la regeneración de la piel reduciendo el riesgo de alergia”, detallan. “Realiza siempre una prueba antes. Pon una pequeña cantidad del tinte sobre la piel 48 horas antes de teñirlo”.
  • Uñas. El tratamiento oncológico también puede producir cambios en las uñas, lo que suele ocurrir por la “pérdida de la hidratación”. De ahí que sea fundamental utilizar crema hidratante de manera habitual, una capa abundante antes de dormir y utilizar guantes para lavar los platos o labores de jardinería. Para evitar complicaciones se recomienda, además, no cortar las cutículas. “Es mejor retirarlas con un producto específico y con la ayuda de un palito naranja”, aseguran desde la Fundación. También aconsejan no usar lima sobre manchas o estrías que pueden aparecer en las uñas y en cuanto al esmalte es preferible esperar unas cuatro semanas desde la última sesión de quimioterapia.
  • Piel. Los baños están totalmente desaconsejados. Lo ideal son las duchas cortas a temperatura templada con productos de higiene suaves y en pequeñas cantidades. A la hora de secarse, mejor pequeños toques, sin frotar. La limpieza diaria del rostro es fundamental, puesto que los tratamientos del cáncer provocan una diminución de las defensas y hace que la piel sea más vulnerable a las infecciones. Es muy importante no exponerse al sol directamente y utilizar siempre protección solar muy alta con factor 50+ para salir a la calle. Los tratamientos exfoliantes, así como las cremas que contengan ingredientes hormonales o corticoides, están prohibidos, salvo que lo indique el médico. Las mascarillas dermocalmantes o hidratantes, por el contrario, serán muy beneficiosas. Evita el afeitado del área tratada hasta que la piel se haya recuperado por completo.
  • Maquillaje. “Aconsejamos el maquillaje”, detalla Inmaculada García, enfermera del hospital Ramón y Cajal, “salvo si tienen alguna heridita en el rostro porque el producto puede penetrar y tienen un sistema inmunodeprimido”. Por todo ello es más importante que nunca utilizar esponjas desechables o la yema de los dedos para aplicar los cosméticos.

 

C. Chiarroni

Fotografía Jorge París

https://www.20minutos.es/noticia/3524333/0/

 

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