Irradiar los ganglios linfáticos en cáncer de mama mejora supervivencia sin aumentar los efectos secundarios

Administrar radioterapia a los ganglios linfáticos situados detrás del esternón y por encima de la clavícula en pacientes con cáncer de mama en etapa inicial mejora la supervivencia general sin aumentar los efectos secundarios, y este efecto continúa durante 15 años, según han descubierto investigadores de la Organización Europea para la Investigación y Tratamiento del Cáncer (EORTC).

El ensayo, que ha involucrado a 4.004 pacientes con cáncer de mama en estadios I a III de 43 centros, son “convincentes”, a juicio de los investigadores. “Nuestros resultados dejan claro que la irradiación de estos ganglios linfáticos proporciona un mejor resultado para el paciente que solo la radioterapia en la mama o la pared torácica. No solo hemos demostrado que este tratamiento tiene un efecto beneficioso sobre el control de la enfermedad, sino que también mejora la supervivencia relacionada con el cáncer”, señala Poortmans.

El drenaje linfático del cáncer de mama a los ganglios linfáticos regionales conlleva que es más probable que el cáncer se disemine a otras partes del cuerpo. Este drenaje se produce por dos caminos. El más conocido es la axila. Estos nódulos linfáticos generalmente se tratan con cirugía y/o radioterapia. La segunda vía drena a los ganglios linfáticos mamarios internos (IM) detrás del esternón, y probablemente de allí a los que están justo por encima de la clavícula, los ganglios supraclaviculares (MS) medial.

Debido a la incertidumbre sobre los efectos del tratamiento en esta área, y particularmente a las preocupaciones sobre el aumento de la toxicidad que podría derivarse por la irradiación de un área más grande, hasta hace poco solo aproximadamente la mitad de los centros oncológicos de radiación trataban los ganglios linfáticos IM-MS.

Después de una mediana de seguimiento de 15,7 años, los investigadores han encontrado una reducción significativa en las muertes por cáncer de mama (16 por ciento en el grupo de tratamiento frente a 19,8 por ciento en el grupo control) y en el retorno de cáncer de mama en pacientes que habían recibido radiación a los nodos IM-MS (24,5 por ciento contra 27,1 por ciento).

Un total de 1.117 pacientes murieron durante el tiempo que duró la investigación. La supervivencia global fue del 73,2 por ciento en el grupo IM-MS y del 70,8 por ciento en el grupo control. No hubo un aumento en la mortalidad relacionada con el cáncer de mama en el primer grupo y hasta la fecha no ha habido un aumento en el nivel de complicaciones graves relacionadas con el tratamiento. Tampoco hubo diferencia en la incidencia de segundos cánceres, cáncer en el otro seno o muertes por enfermedad cardiovascular entre los dos grupos.

Los pacientes con bajo riesgo de que su cáncer se disemine fuera del seno pueden recibir terapia sistémica menos intensiva para evitar los efectos secundarios. En estos casos, el uso de la radioterapia IM-MS puede mejorar su resultado al erradicar las células tumorales residuales en la pared mamaria/torácica. Para los pacientes con alto riesgo de metástasis, que reciben terapia sistémica, la posibilidad de curación también está relacionada con la posibilidad de dejar atrás las células tumorales residuales en todo el cuerpo. También en estos casos, el resultado final puede mejorarse mediante el uso de un tratamiento locorregional eficaz para erradicar la enfermedad en el lugar donde es más probable que esté presente, según los investigadores.

“Los resultados de nuestro ensayo, en el cual los pacientes recibieron tratamientos sistémicos apropiados, contradicen la existencia de una contradicción entre tratamientos locorregionales y sistémicos”, ha explicado el profesor Poortmans, añadiendo que debido a que existe una interacción bastante positiva entre estos tratamientos, en muchos pacientes “su combinación dará como resultado una mejora de los beneficios combinados, en otras palabras, uno más uno puede ser más de dos”.

Los investigadores tienen la intención de continuar el seguimiento de estos pacientes a largo plazo y planean un seguimiento promedio de 20 años. “Queremos analizar qué pacientes son los más propensos a beneficiarse de este tratamiento e identificar las mejores técnicas para hacerlo de manera eficiente y segura”, ha añadido Poortmans.

Además, el equipo responsable de la investigación puntualiza que la tasa de efectos secundarios fue baja, la gran mayoría de bajo grado, y muchos de ellos solo temporales. “Es muy importante que registremos todos los eventos posibles, incluida la recurrencia y la toxicidad, y un seguimiento aún mayor también nos dará la oportunidad de seguir evaluando a nuestros pacientes en otras áreas, por ejemplo, la calidad de vida y el bienestar”, ha detallado el doctor.

 

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