El Ramón y Cajal es líder en micropigmentación mamaria con 350 casos al año

 El Hospital Ramón y Cajal es líder en España en micropigmentación de aureola y pezón, con más de 2.000 pacientes de cáncer de mama tratadas desde el año 2010 y una media de 350 casos anuales ofreciendo un tratamiento integral a las afectadas.

Esta técnica consiste en un tatuaje que reproduce la aureola y pezón extirpados y, a diferencia de los tatuajes habituales, se hace en la piel a menor profundidad y usando una pomada anestésica, explica el hospital en un comunicado.

En esta micropigmentación, realizada por un equipo de Enfermería, se emplean tonos marrones y rojizos que imitan el color de las aureolas y buscan un resultado armónico con la piel de la paciente.

Hace siete años el servicio de Cirugía Plástica del hospital puso en marcha esta unidad, que además forma a otros centros de España y se ha convertido en Unidad de referencia en reconstrucción de aureola en pacientes mastectomizadas.

“Esta es la mejor técnica que se puede ofrecer a la paciente con cáncer de mama, el mejor tratamiento que hoy en día puede recibir tras haber sufrido esta enfermedad”, asegura el jefe de Cirugía Plástica del hospital, el doctor Pablo Benito.

La reconstrucción de la mama puede hacerse bien durante la intervención de mastectomía o con posterioridad. En ambos casos, el proceso finaliza con la creación de “un nuevo pezón y areola con el consiguiente beneficio -sobre todo psicológico- para la paciente”.

En la primera cita se hace una valoración por la enfermera, una prueba de sensibilidad a los pigmentos y se explica, al tiempo que se cumplimenta, el consentimiento informado.

En una segunda cita, al mes, se selecciona el color, así como el diseño y la técnica. El proceso finaliza dándole a la paciente una serie de recomendaciones al alta, y es a los 6 meses cuando se lleva a cabo una tercera cita, con el fin de ver el resultado y valorar posibles retoques de la pigmentación.

La micropigmentación es menos invasiva porque se realiza sobre la epidermis, la capa más superficial de la piel, y los pigmentos utilizados son inorgánicos de colores terciarios “muy semejantes a los de la piel, que si bien pueden perder algo de intensidad con el tiempo, también se rediseñan con más facilidad” si fuera necesario, concluye el hospital.

 

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